
La ciudad de Gijón es la localidad romana de Asturias por excelencia. Su situación la convirtió en un lugar perfecto para los invasores, ya que contaba con un puerto importante y todas las excelencias que podían ofrecerle las tierras astures pero, además, contaba con pequeñas colinas que permitían otear el horizonte y distinguir si se acercaban enemigos con ganas de guerra.
Y restos de la presencia romana en Gijón existen a día de hoy muchos: las termas romanas, la aldea descubierta en la Campa Torres y la villa de Veranes. Esta última localización fue descubierta hace apenas unos años y abierta al público en esta misma década.
Veranes cuenta con una peculiaridad con respecto al resto de infraestructuras romanas descubiertas: era la casa de veraneo de unos señores. No se encuentra cerca de los otros descubrimientos ni, tampoco del mar, todo lo contrario. Está situada en la aldea de Veranes, alejada del centro de Gijón, en un alto, y rodeada por casas particulares que ya estaban allí antes de que se supiera de la existencia de estos restos arqueológicos.
Lo más fácil es llegar en su vehículo propio, ya que existen numerosos indicadores, partiendo desde el centro de Gijón, que señalan como llegar a Veranes por la antigua carretera que unía la ciudad costera con Oviedo. Aún así, la oficina de turismo de Gijón organiza excursiones a la villa y otros lugares de interés del concejo.
Una vez en el pueblo lo más fácil es preguntar a algún vecino, que se muestran siempre encantados de ayudar al visitante. Una vez se accede al recinto uno se encuentra con la sala de audiovisuales, en la que se explica la historia de la villa romana, y varias estancias dedicadas a exponer los restos que se encontraron durante las excavaciones.
Así pueden verse antiguas joyas, elementos de la cocina o algunos útiles de labranza, de los primeros siglos de la era después de Cristo, ya que además de una casa de verano en la zona había agricultores que se dedicaban a labrar la tierra para sus señores. Tras la zona expositiva se abre el espacio en el que se llevaron a cabo las excavaciones y permitieron demostrar la existencia de la antigua villa romana.
Las diversas estancias de la casa desaparecida se recorren a través de un sendero de piedra y con las indicaciones que nos encontramos a cada pocos pasos en los que informan qué había allí antes y cual era su utilidad. Veréis que algunos espacios están tapados por grandes plásticos y ello se debe a que los arqueólogos aún trabajan en ellos y deben ser protegidos para evitar que las lluvias o el viento causen algún destrozo.
En el centro del paseo se encuentra una estructura de metal que rodea lo que sería la estancia principal de la antigua casa y en la que se pueden observar grandes extensiones de mosaicos. No todas las piezas de cerámica han podido ser recuperadas, aunque sí han sido muchas las que se han tratado y vuelto a colocar en el mismo espacio que ocuparon antiguamente.