Horreo

Pocas imágenes representativas de Asturias no incluyen un hórreo. Estos peculiares graneros de madera montados sobre cuatro o seis patas -paneras- han cumplido su labor de almacén rural desde la época de la conquista romana, o al menos esa es la teoría más autorizada para explicar su origen. Estas obras de arte funcional están protegidas por diferentes leyes de patrimonio por lo que la creación de uno nuevo y, sobre todo, la destrucción de uno viejo, son asuntos de carácter civil y no sólo privado.

Si prestamos atención a la complejidad de su planta, nos damos cuenta de que no se trata de un capricho arquitectónico sino que cada pieza desempeña un función precisa. Desde la parte de apoyo con el suelo, el hórreo está concebido para que la humedad no llegue al grano almacenado, y por ello la piedra cuadrada que se apoya en el suelo, el llamado pilpayo, tiene un grosor considerable y está un poco hundido en la tierra, asegurando la estabilidad de todo el edificio pero separando claramente la parte de madera y la tierra sobre la que lloverá.

Sobre el pilpayo encontramos el poste de madera, con forma ligeramente piramidal cuya base ancha se ajusta mediante pequeños calzos para quedar fija. La madera empleada en la construcción de los pegollos debe ser resistente y existen reglas tradicionales bastante específicas sobre cómo, cuándo y bajo que luna deben cortarse y trabajarse los árboles elegidos para esta función.

Por encima de los pegollos tenemos un nuevo elemento de piedra llamado muela por su parecido con la rueda circular con que se molía la harina en los molinos tradicionales -aunque en algunos hórreos esta piedra sean cuadradas-. La función de la muela es clave ya que su extensión, que sobresale abundantemente la parte más aguzada del pegollo, es la encargada de evitar que roedores y otros animales pequeños puedan acceder a la parte habitable del hórreo.

Entre la muela y los primeros travesaños de madera con los que se asienta la planta del hórreo existe una pequeña pieza de madera de forma rectangular o cuadrada llamada taza. La función de la taza es, una vez más, asegurar la estabilidad del conjunto y evitar que la madera más flexible de las trabes - cuatro vigas de madera que forman el cuadro inferior, sobre lo que se asienta el suelo del hórreo- se rompa al estar en contacto directo con la dura superficie de la muela.

Por encima de la taza, la construcción se asemeja a la de cualquier otro edificio: las trabes ya mencionadas permiten el asiento de la colondra o pared de madera de ente cinco y diez centímetros de grosor sobre las que van las vigas superiores o línios, más finas que las trabes, y sobre todo el conjunto se asienta la techumbre.

¡La próxima vez que veáis un hórreo, viejo o nuevo, pensad en la cantidad de pequeños detalles que hacen que se yerga ante nosotros!

Foto Vía SegFault

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