
Asturias esconde sorpresas hermosas, auténticas, vivas. Una de ellas es el Jardín Botánico Atlántico, situado en Gijón. Tras varios años de duro trabajo, el Ayuntamiento con ayudas de la Unión Europea, el Principado de Asturias y su propio dinero logró hacerse con 25 hectáreas para uso del Jardín Botánico. La primera apertura fue en abril de 2003.
El Jardín tiene una interesante visita, pues ha incorporado a sus colecciones “El Jardín de la Isla” un jardín histórico de 150 años y monumento natural de la Carbayeda del Tragamón, un excepcional bosque natural con criaturas florísticas de más de 400 años.
El Jardín Botánico Atlántico es el primero de la parte del noroeste de la península Ibérica y ha intentado o, mejor dicho, optado frente a ciertos planteamientos enciclopédicos con pretensiones universales, por ser y tener el carácter de un jardín especializado y unitario, el único de toda la zona asturiana centrada y especializada en la flora y vegetación de los territorios puramente atlánticos. Se tome el Océano Atlántico norte como eje conductor y su visita nos permitirá descubrir, además de la flora y vegetación más cercana, la cantábrica, también una gran diversidad vegetal desarrollado en torno a este inmerso océano.
Desde el punto de vista interpretativo, el jardín que tenemos como tema principal, desborda por completo el ámbito de la simple clasificación e identificación de las plantas que hace crecer, sino que se amplía y ofrece una información más amplia, más elaborada. Podremos disfrutar leyendo en los paneles el contexto, la historia, los usos humanos, la función en los ecosistemas y varios apartados más referidos a cada planta, a cada especia.
Así, el logro de los objetivos marcados por el Jardín Botánico Atlántico se basa, no sólo en el diseño vegetal, sino que también en un diseño museográfico. Se pretende que este jardín botánico no sea un simple jardín para pasear sino que funcione como un museo, como una sala de exposiciones que es ayudada por audiovisuales, paneles informativos, audioguías, y cosas que pensamos tan sólo existen en los museos.
En fin, que mejor que pasar una mañana o una tarde entera conociendo, educándonos, sobre las plantas que se forman en torno al único océano al que toca la península. Es un paseo bonito, cuidado, pedagógico, para que seamos conscientes de la riqueza y belleza del patrimonio natural y sobre todo vegetal que posee el Océano Atlántico.