
Antes de que Fernando Alonso o la princesa Letizia fueron los principales embajadores de Asturias fuera de la región hubo un hombre al que se consideró el mejor baluarte del Principado. Aún sigue siendo el mayor de los héroes que ha dado estas tierras y a el se debe, según cuenta la leyenda, que España sea tal y como se conoce actualmente y no un país árabe.
Estamos hablando de Pelayo, don Pelayo para los asturianos, un hombre en cuya biografía hay más sombras que luces, pero del que merece la pena saber un poco más, aunque sean hechos poco fiables y propios de leyendas.
Si visitáis Asturias os encontrareis con numerosas tiendas o empresas que aluden al que inició la Reconquista, sin olvidar la cantidad de monumentos que se han erigido en su honor, entre los que destacan las esculturas de Gijón y Covadonga, o la cantidad de hombres que se llaman como el. Además, en los últimos años han sido muchos los padres que han optado por bautizar a sus hijos con el nombre de Pelayo.
El mito de Pelayo toma forma en los primeros años del siglo VIII, cuando los musulmanes se habían hecho con prácticamente toda la península ibérica. En el entorno de Covadonga se libró la primera batalla en la que los nacionales derrotaron a los invasores. Se dice que, además del orgullo, lo que propició que los astures echasen a los musulmanes fue que los llevaron hasta unas montañas frondosas y en las que resultaba difícil moverse.
Sin embargo, los locales las conocían como si la palma de su mano fuera, por lo que expulsaron a los musulmanes sin problema, persiguiéndolos hasta llegar a León. De entonces viene un dicho muy utilizado en el Principado y que dice: “Asturias es España y lo demás, tierra conquistada”.
Pese a lo que dice la leyenda, parece ser que Pelayo era un hombre rudo de las montañas, pero se convirtió en rey a modo de agradecimiento por haber expulsado a los musulmanes. Se casó con Gaudiosa, y su escaso reinado se caracterizó por la tranquilidad y no querer entrar en guerras con otros pueblos.
El responsable de la Reconquista tuvo dos hijos: Ermesinda, futura esposa de Alfonso I, y Favila, que le sucedió tras su muerte y que tiene una leyenda propia sobre cómo se enfrentó y mató a un gran oso que se encontró en un bosque. Pero esa es otra historia, de la que os hablaremos otro día.
Foto Vía Playu-Gijón