
Asturias es una obra de arte. Y no lo digo yo desde hace pocos días, sino que lo lleva gritando el prerrománico de muchas de sus iglesias desde hace ya varios siglos.
Lugares místicos, templos sencillos donde la piedra, la luz y las sombras forman parte de un triángulo mágico. Como el que se produce en la Iglesia de San Pedro de Nora.
Podéis encontrar esta iglesia en las Regueras, a unos 15 kilómetros al norte de Oviedo. Es una iglesia muy sencilla, rodeada de vegetación, y puesta ahí, casi caída del cielo piedra a piedra. Afortunadamente, se encuentra en muy buen estado de conservación, gracias a las muchas restauraciones que se le han venido haciendo. El paisaje circundante, con el cercano río Nora, provocan que el conjunto sea aún más bello si cabe.
A pesar de todo, tuvo que sufrir el incendio en 1936, durante la Guerra Civil española. Parece que no fue suficiente el hecho de que, años antes, en 1931, fuera declarada Monumento Nacional. Ya se habla de esta iglesia a principios del siglo X, en tiempos de Alfonso III, por lo que seguramente fue construida bajo el reinado del rey anterior.
Al lado del templo, muy sencillo, de tres naves con cubiertas de madera, hay una esbelta torre, fruto de las reconstrucciones que se comenzaron a hacer en 1940. Es precioso el juego de luces del interior, sobre todo el que se produce en la nave central, ligeramente más alta que las naves laterales. Atentos al hermoso crucificado medieval del siglo XIV que guarda esta iglesia.
La nave central apenas mide 11 metros de largo, por lo que imaginaros lo pequeña, sencilla y coqueta que es. El ancho total del templo, contando las naves laterales, es de siete metros. En la parte posterior veréis esa típica pequeña ventana con columnas tan propia de muchas otras iglesias prerrománicas asturianas.
No podéis por menos que pasaros por la Iglesia de San Pedro de Nora, un lugar místico, lleno de magia y que os evocará en el recuerdo una mirada nostálgica a vuestro encuentro con el arte y la naturaleza asturiana.
Foto Vía El Comentario