Si en el día de hoy estáis cerca de Oviedo y tenéis al mediodía tiempo libre tenéis la posibilidad de disfrutar de una de las mejores fiestas de cuantas tienen lugar en la capital asturiana. Se trata de La Balesquida, aunque es conocida por todo el mundo como el Martes de Campo.
El motivo de este nombre no podía ser más sencillo, dado que el primer martes siguiente al domingo de Pentecostés (varía entre los meses de mayo o junio según caiga la Semana Santa) los ovetenses se van a comer al parque (campo) de San Francisco.
Además, es fiesta local, lo que facilita que se cuenten por miles las personas que van a disfrutar de esta comida de hermandad que suele estar marcada por el buen tiempo. Coincide prácticamente con el auge de la primavera, lo que favorece la presencia de muchas personas en el campo de la fiesta aprovisionados de bocadillos, empanadas, bollos preñaos y tortillas. No pueden faltar tampoco varias botellas de sidra para soportar mejor el calor.
La fiesta, que ahora es de lo más popular, tiene su origen en el siglo XIII gracias a la donación de bienes que doña Velasquita Giráldez -que por corrupción popular se trasnformó en Balesquida-, enterrada en la iglesia de San Tirso, otorgó a la Cofradía de los Sastres para que ayudaran a los pobres, allá por febrero de 1232. Debido a esta donación, la antigua Cofradía de los Sastres pasó a denominarse Cofradía de La Balesquida.
Su reglamentación más antigua conservada data del 15 de mayo de 1450. En el siglo XVI la fiesta se iniciaba un domingo de mayo saliendo en procesión desde la capilla de La Balesquida con la imagen de la Virgen en dirección a la ermita de Santa Ana de Mexide. Recorriendo media legua, se realizaban algunas paradas en las que los concurrentes hacían libaciones y tras ser oída la misa en la ermita se repartía a los cofrades el almuerzo, que consistía en un torrezno, bollo y vino. Allí mismo era donde se celebraba una comida el martes, origen del actual martes de campo.
Posteriormente, ya en el siglo XVIII, la procesión llegaba sólo hasta la capilla de Santa Susana y el almuerzo se tomaba en el campo de San Francisco, regresando a la tarde la procesión a San Tirso, donde se rezaba y aún hoy se reza, un responso por doña Velasquita.
Debido al decaimiento de los festejos, en 1930 un grupo de ovetenses constituyó una Sociedad Protectora de La Balesquida, encargada de recaudar y celebrar el festejo todos los años. Los festejos ahora no se centran únicamente en el martes, sino que suelen empezar el viernes de la semana anterior, prolongándose durante cinco días.
Foto Vía Gonmi