
La Cámara Santa de Oviedo es uno de los lugares religiosos más visitados y venerados por todos aquellos que se acercan hasta la capital del Principado. Se encuentra ubicada en el interior de la Catedral, en pleno casco antiguo de la ciudad. El templo original fue construido por Alfonso II a comienzos del siglo IX, sobre los restos de la iglesia dedicada a San Salvador.
Durante la Revolución de Asturias de 1934 fue volada con dinamita por los agitadores y hoy en día está integrada en la catedral. Alberga, junto a la cueva de Covadonga, los tesoros religiosos más importantes de Asturias.
En la Cámara Santa se custodian desde el siglo IX los tesoros y sagradas reliquias de la Catedral de Oviedo. Gran parte de estos tesoros procedían de Toledo, como el Arca Santa. La leyenda dice de este arca lo que contenía tenía tal esplendor (el brillo de las piedras preciosas) y al abrirla su luminosidad podía dejar ciego a quién se atreviera a hacerlo. También se encuentran custodiados el Santo Sudario, reliquias de la Vera Cruz, el Cristo Nicodemus y otros objetos de gran valor, por lo que se guardan con mucho esmero.
El objetivo principal con el que llegaron a Oviedo fue para salvaguardar dichas reliquias frente al peligro musulmán. A día de hoy siguen aquí, lo que no está exento de polémica, sobre todo por la presencia del Santo Sudario.
Son numerosas las teorías que han surgido en los últimos años acerca de la autenticidad de esta tela y si, realmente, fue donde se envolvió el cuerpo de Cristo tras ser bajado de la cruz. Debido a estos tesoros la catedral de Oviedo mereció el calificativo de Sancta Ovetensis.
La Cámara Santa consta de dos naves rectangulares superpuestas con sendas capillas en la cabecera. La cripta inferior está dedicada a Santa Leocadia y dividida en dos espacios por barrera de canceles de la nave. El techo tiene bóveda de cañón, construida en ladrillo y que se levanta directamente desde el suelo. La disposición de la nave superior es similar.
Originariamente la cubierta de la nave superior era de bóveda de cañón y carpintería de madera que fue sustituida en el siglo XII por una bóveda de cañón sostenida por tres fajones decorados y que se apoya sobre las columnas en las que se labraron las figuras de los doce apóstoles. De esta misma reforma datan los bultos redondos esculpidos en la pared oeste.
Bajo la mesa del altar, que está situada en el centro del santuario, se encuentra la tumba con los restos y reliquias de Santa Leocadia, a los que se añadirían, en tiempos de Alfonso III, los restos del mártir Eulogio, traídos desde Córdoba.
Foto Vía AlvarezPerea