El arte rupestre paleolítico se ha convertido en un elemento turístico más en el Principado. Se trata de una forma de expresión gráfica realizada sobre soportes no perecederos, como son las paredes rocosas de cuevas y abrigos.
Esto dificulta en mucho que las muestras artísticas hayan llegado hasta nuestros días pero eso no evita para que se puedan ver aún alguno de estos ejemplos. Desde su descubrimiento se ha trabajado intensamente para mantenerlas en las mejores condiciones posibles dado que el simple paso del tiempo y las condiciones meteorológicas son su peor enemigo.
La cueva más conocida y visitada de toda Asturias es la de Tito Bustillo, que tiene unas listas de espera de varios meses, por lo que se debe organizar con muchísima antelación. Si no os ha dado tiempo podéis decantaros por otras de las cuevas que se conservan en buenas condiciones en Asturias, como la de la Peña en Candamo, la de Llonín en Peñamellera Alta y la del Pindal en Rivadedeva. La cueva de Covaciella, ubicada en Cabrales también es muy importante pero no visitable.
La cueva de Altamira, en Santillana del Mar, en la vecina región de Cantabria, es la que más fama tiene en todo el país, pero también fue la que permitió que la UNESCO reconociera el valor universal de todas las cuevas que se conocen en toda la cornisa cantábrica (País Vasco, Cantabria y Asturias).
Se considera a estas instalaciones representativas de distintos aspectos de este primigenio fenómeno cultural, que acompañan a Altamira dando un contexto a su excelente conjunto parietal y ayudando a su mejor comprensión.
El arte rupestre del que se tiene conocimiento en Asturias es un arte de cazadores que representaban sobre todo a animales en sus pinturas. Aún así, también hay signos de oculto significado y contadas figuras humanas, en las que se observa una mayor torpeza por parte de los artistas. Estas pinturas constituyen la más depurada plasmación del pensamiento simbólico de nuestros ancestros, los primeros homo sapiens que colonizaron el occidente europeo hace unos 35.000 años.
Este ciclo artístico duró unos 25.000 años y en él se han distinguido varios períodos o estilos. Se observan asimismo diferencias regionales, que definen distintas áreas dentro de un fenómeno cultural ampliamente extendido por la geografía europea. Hacia 10.000 años antes del presente desaparecerá sin dejar rastro, al compás de los cambios ambientales que conducen al período climático actual y de las transformaciones económicas y sociales que aquellos llevan aparejadas.
Foto Vía Rover0